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Mi historia

Crecí en una familia joven, libre y poco convencional, muy conectada con la naturaleza. Viajar, explorar y cuestionar lo establecido era parte de la vida cotidiana, y ese espíritu marcó profundamente mi forma de mirar el mundo y de habitar el cuerpo.

Al mismo tiempo, mi vida estuvo atravesada por experiencias difíciles desde muy temprano. Pérdidas importantes, cambios y momentos de inestabilidad marcaron mis primeros años. En ese contexto, el movimiento y el arte dejaron de ser solo una actividad y se transformaron en una forma de sostenerme y encontrar dirección.

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Me fui joven de Chile y viví algunos años fuera del país. Formé parte de una compañía franco-chilena, una experiencia que amplió profundamente mi manera de comprender el movimiento, la presencia y el lenguaje del cuerpo.

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Con el tiempo, el yoga llegó a mi vida primero como una búsqueda personal. Más que una práctica física, fue una forma de ordenarme por dentro, cambiar hábitos que no me hacían bien y aprender a habitar el cuerpo con más conciencia.

Me formé como instructora en Buenos Aires y luego en México, donde encontré un enfoque más anatómico y terapéutico que conectó profundamente con mi interés por comprender el cuerpo con respeto y precisión.

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Sala 707 nace de ese recorrido.
Un espacio para volver al cuerpo, bajar el ritmo y habitar la calma con honestidad.

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Mi forma de enseñar

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El cuerpo como punto de partida

Creo en una práctica donde el cuerpo es el lugar desde donde comenzamos a escucharnos. No se trata de forzar posturas, sino de aprender a sentir, respetar los ritmos propios y encontrar más espacio y alivio desde dentro.

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Menos exigencia, más conciencia
La práctica no es una competencia ni una búsqueda de perfección. Es un espacio para bajar el ritmo, observar lo que está presente y cultivar una relación más amable con el propio cuerpo.

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Calma que se siente en la vida diaria
El yoga no termina en el mat. Cuando el cuerpo encuentra más equilibrio, algo también se ordena en la mente, en la respiración y en la forma en que habitamos nuestra vida cotidiana.

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"Creo profundamente que cuando aprendemos a escuchar el cuerpo, algo en nuestra vida empieza a ordenarse"

Practica en Sala 707

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Si sientes que necesitas un espacio para bajar el ritmo y reconectar con tu cuerpo, te invito a venir a practicar.

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