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Carla Echeverría
 

Profesora de Yoga Restaurativo & Terapéutico

Fundadora de Sala 707

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Mi historia

Crecí en una familia joven, libre y poco convencional, profundamente conectada con la naturaleza. Viajar, explorar y cuestionar lo establecido formaban parte de la vida cotidiana, y ese contexto marcó mi forma de mirar el mundo y de moverme en él.

Desde temprano también conocí los cambios y la necesidad de adaptarme.

El arte estuvo presente en mi vida desde muy joven. Me atraían especialmente las disciplinas donde el cuerpo era parte del lenguaje: la danza, el teatro físico y el movimiento como forma de expresión. Poco a poco, dejaron de ser solo un interés y se transformaron en una manera de encontrar dirección, foco y una forma más estable de estar.

A los 19 años fui seleccionada para formar parte de la compañía franco-chilena Teatro del Silencio. Esa experiencia me llevó a vivir en Francia y a recorrer distintos escenarios en América y Europa, con presentaciones también en Corea del Sur. Fueron años de entrenamiento, escenario y desplazamiento que ampliaron mi comprensión del movimiento, la presencia y el lenguaje corporal.

Más adelante, el yoga apareció primero como una búsqueda personal. Si el movimiento y el arte habían sido una forma de expresión hacia afuera, el yoga me ofreció algo distinto: un espacio para mirar hacia adentro. Fue ahí donde empecé a encontrar más calma, a escucharme de otra manera y a relacionarme conmigo misma con más atención y compasión. Más que una práctica física, fue una forma de encontrar bienestar y de volver a sentirme más en equilibrio.

Me formé como instructora en Buenos Aires y posteriormente en México, donde profundicé en un enfoque anatómico y terapéutico. Después amplié esa formación con trabajo específico de espalda junto a Brigitte Longueville y BackMitra. Más adelante complementé ese recorrido con estudios en yoga informado en trauma y yoga oncológico.

Hoy, en Sala 707, esa trayectoria se expresa en una forma de enseñar que pone atención en la respiración y en acompañar a cada persona a encontrar una práctica que pueda sostener en el tiempo.

Experiencia

Llevo más de 12 años enseñando de manera constante.

He acompañado a una amplia diversidad de alumnos: desde adultos mayores y personas sin experiencia previa, hasta profesores en formación y personas con altos niveles de exigencia en su vida cotidiana.

Trabajo especialmente con personas que viven con estrés sostenido, sobrecarga mental o dolor físico —como tensión crónica o fibromialgia—, adaptando la práctica a cada cuerpo y a cada momento.

Sala 707

Sala 707 nace de ese recorrido.

Un espacio pensado para bajar el ritmo, aliviar la sobrecarga y volver a encontrarse con el cuerpo desde un lugar honesto, accesible y sostenible.

Mi forma de enseñar

El cuerpo como punto de partida

La práctica comienza escuchando. No se trata de alcanzar posturas, sino de desarrollar atención y crear espacio interno.

 

Menos exigencia, más equilibrio

El enfoque no está en el rendimiento, sino en disminuir la carga física y mental para favorecer una sensación más estable de bienestar.

Impacto en la vida diaria

Cuando el cuerpo suelta tensión, también cambian la respiración, la claridad mental y la forma en que enfrentamos lo cotidiano.

“Cuando aprendemos a escuchar el cuerpo, cambia la forma en que vivimos.”

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